El Dr. Alfredo Aguilera, Jefe de Sección de Cirugía Mínimamente Invasiva y Coordinador de Cirugía Robótica, analiza en OKSALUD cómo la urología y el trasplante renal han evolucionado en las últimas dos décadas. Desde la preservación de órganos y la cirugía mínimamente invasiva hasta la incorporación de la robótica y la inteligencia artificial, el doctor Alfredo Aguilera explica cómo la innovación tecnológica y la medicina personalizada han mejorado la seguridad de los pacientes y los resultados clínicos, tanto en cáncer renal como en trasplante de donante vivo.
Según explica el Dr. Alfredo Aguilera, en la nefrectomía parcial la robótica no cambia los principios oncológicos —basados en una correcta indicación y ejecución quirúrgica—, pero sí aporta ventajas técnicas relevantes: mayor precisión, mejor capacidad de sutura en tumores complejos y una mayor reproducibilidad del procedimiento, lo que puede favorecer la preservación del parénquima renal. No obstante, subraya que se trata de una herramienta complementaria que no sustituye la experiencia ni el criterio clínico del cirujano.
Pregunta.– ¿Cómo ha evolucionado la urología en los últimos 20 años?
Respuesta.– La urología ha cambiado radicalmente en tres aspectos: diagnosticamos antes, operamos de forma menos agresiva y tratamos mejor la enfermedad avanzada. Hoy intentamos preservar órganos siempre que es posible, usamos de forma rutinaria cirugía mínimamente invasiva y trabajamos en equipos multidisciplinares. Esto permite ofrecer tratamientos más personalizados y con mejores resultados tanto oncológicos como funcionales.
P.– ¿Cómo ha evolucionado el trasplante renal de donante vivo en cuanto a perfil inmunológico y selección?
R.– La evolución ha sido hacia una medicina mucho más individualizada. Hoy analizamos con mucha precisión el riesgo inmunológico, incluyendo anticuerpos anti-HLA, historia de sensibilización y compatibilidad global. La edad del donante sigue siendo importante, pero pesa más su estado de salud y la calidad del riñón. El objetivo es siempre el mismo: máxima seguridad para el donante y el mejor resultado posible para el receptor.
P.– ¿Qué factores determinan el abordaje quirúrgico en la nefrectomía del donante?
R.– Fundamentalmente la anatomía vascular, el lado del riñón, las características del donante y la experiencia del equipo. La prioridad absoluta es la seguridad del donante y obtener un injerto de calidad. Las diferentes técnicas mínimamente invasivas son herramientas válidas cuando se aplican en el contexto adecuado y por equipos con experiencia.
P.– ¿Qué ventajas reales tiene la cirugía mínimamente invasiva en el donante?
R.– Las ventajas más claras son menos dolor, menor sangrado, recuperación más rápida y menos complicaciones de la herida. En cuanto a la función renal residual, lo más importante es una buena selección del donante y un seguimiento adecuado. Es una cirugía muy segura en centros expertos, pero siempre debemos recordar que no es un procedimiento sin riesgos.
P.– En nefrectomía parcial, ¿qué aporta la robótica frente a la laparoscopia avanzada?
R.– En términos oncológicos, lo importante es la correcta indicación y ejecución de la cirugía. La robótica facilita la precisión y la sutura en tumores complejos, lo que mejora la reproducibilidad y puede ayudar a preservar mejor el parénquima renal. Es una herramienta muy útil, pero no sustituye la experiencia ni el criterio clínico.
P.– ¿Qué papel tendrá la inteligencia artificial en la cirugía urológica?
R.– Probablemente será clave en planificación preoperatoria con modelos 3D, en ayuda intraoperatoria con reconocimiento de estructuras y en análisis de resultados. La IA no sustituirá al cirujano, pero sí puede mejorar la seguridad y la toma de decisiones basada en datos.
P.– ¿Qué significa realmente una ‘operación robotizada’?
R.– Es importante aclararlo: el robot no opera solo. Es una tecnología que traduce los movimientos del cirujano con mayor precisión y mejor visión. Es cirugía realizada por un cirujano, asistida por tecnología avanzada.
P.– Nuevas plataformas robóticas más económicas: ¿qué suponen para el sistema sanitario?
R.– La aparición de nuevas plataformas es probablemente uno de los cambios más relevantes del momento. El gran reto histórico de la cirugía robótica ha sido el coste del instrumental y los consumibles por caso. La competencia tecnológica puede ayudar a reducir ese gasto, mejorar la eficiencia y facilitar el acceso en hospitales públicos. Como profesionales sanitarios, tenemos la responsabilidad de hacer un uso sensato del dinero público: la tecnología debe incorporarse cuando aporta valor real en resultados, seguridad o recuperación, no sólo por innovación.
P.– ¿En qué consiste la inmunoterapia en cáncer renal?
R.– La inmunoterapia moderna en cáncer renal se basa sobre todo en fármacos que bloquean –frenos– del sistema inmune, principalmente la vía PD-1 / PD-L1. Eso permite que el sistema inmunitario recupere capacidad de reconocer el tumor y atacarlo. En CCR metastásico se ha convertido en el eje del tratamiento porque en un porcentaje de pacientes consigue respuestas profundas y duraderas, siempre con seguimiento especializado por posibles efectos secundarios inmunológicos.
P.– ¿Cuáles son los avances recientes que han cambiado el tratamiento del cáncer renal metastásico?
R.– El cambio más importante ha sido la consolidación de las combinaciones basadas en inmunoterapia anti‑PD‑1/PD‑L1, que han modificado el pronóstico de muchos pacientes. Además, la llegada de una nueva clase terapéutica, los inhibidores de HIF‑2α como belzutifan, ha ampliado opciones en pacientes previamente tratados. El mensaje clave es que hoy podemos controlar la enfermedad durante largos periodos en muchos pacientes, con mejor calidad de vida.
P.—¿Hacia dónde va el futuro: más tecnología en quirófano o más medicina personalizada?
R. —Hacia la integración de ambas. Tendremos quirófanos más tecnológicos y mejor planificación, pero también tratamientos cada vez más adaptados a cada paciente. El verdadero avance será saber elegir el tratamiento adecuado en el momento adecuado, integrando evidencia científica y sostenibilidad del sistema.
P.– ¿Qué mensaje daría a un paciente con enfermedad renal grave o cáncer renal?
R.– Que hoy tenemos más opciones que nunca y que es fundamental ser valorado por equipos con experiencia. Es importante entender bien la enfermedad y los objetivos del tratamiento. La medicina actual combina tecnología, conocimiento y acompañamiento, y eso marca la diferencia en los resultados.




