‘Las semillas de la violencia’ (Premio Espasa Ensayo), ‘La autoestima’, ‘Superar la adversidad’, ‘Somos lo que hablamos’, ‘Optimismo y salud’, ‘Estar bien aquí y ahora’. De su puño han salido numerosas obras y esta que hoy nos sienta a la mesa viene con el ‘slogan’ de «su obra definitiva, más ambiciosa y personal». Hablamos de ‘El regalo de los años’ (HarperCollins) y OKSALUD entrevista hoy al prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos.
Si bien el doctor Rojas Marcos no necesita introducción, resulta imprescindible mencionar su dilatada y prestigiosa trayectoria profesional. Nacido en Sevilla en 1943, forjó una carrera de dimensión internacional al emigrar a Nueva York en 1968, donde se especializó en Psiquiatría y fijó su residencia. En la Gran Manzana, en 1981 fue nombrado director de los servicios psiquiátricos de once hospitales públicos y, en 1992, fue investido como máximo responsable de los Servicios de Salud Mental. Su liderazgo se consolidó al presidir el vasto Sistema de Salud y Hospitales de la ciudad entre 1995 y 2002.
Su trayectoria está marcada por el servicio público en momentos cruciales, como su rol al frente de la atención médica y psicológica a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.Además de su labor asistencial y de gestión, es profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York y ha recibido la Medalla de la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno español.
PREGUNTA.- ¿Se siente mayor Luis Rojas Marcos a sus 83 años?
RESPUESTA.- Siento que mi nivel de satisfacción con la vida en general,
en una escala del cero al diez, es de un ocho y medio.
P.- Armoniza actualmente sus tareas docentes con la práctica psiquiátrica y la colaboración con instituciones dedicadas a temas sociales y de salud pública. ¿De dónde saca la vitalidad… y el tiempo?
R.- La vitalidad es algo genético; en mi caso también se llama hiperactividad. En cuanto al tiempo, las 24 horas del día dan para mucho…
P.- La conversación entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, sobre los límites de la edad y la inmortalidad, revela un viejo anhelo humano. ¿Quimera o realidad?
R.- No estoy familiarizado con esa conversación. En mi experiencia, son muchos los reconocidos expertos en la irremediable finitud de la vida que, con el tiempo, cruzan la frontera de la realidad y adoptan la ciudadanía de la irresistible inmortalidad.
P.- Nos explica a lo largo de las 215 páginas de este libro el arte de vivir plenamente. ¿Es posible esto a cualquier edad? Risas… ¿Cuál es la clave (una frase) para «tomar el timón y prepararse para afrontar la longevidad»?
R.- Nos traen al mundo sin nuestro permiso; no elegimos ni los genes, ni el escenario…¡nada! De ahí que, a la hora de vivir ilusionados, sea tan importante seguir el sabio consejo: ¡Conócete a ti mismo! El paso siguiente es programarnos y dirigir el rumbo de nuestra vida con ilusión y confianza.
P.- En su obra ofrece «estrategias prácticas y científicas para afrontar el envejecimiento con optimismo, salud y propósito, desafiando los estereotipos negativos sobre la vejez». Cite los estereotipos.
R.- Empecemos por el diccionario de la lengua y veamos los sinónimos de envejecimiento: decrepitud, declive, decadencia, agotamiento…, El estigma se manifiesta en los valores actuales de la sociedad y en las mismas personas mayores que albergan prejuicios que dañan su autoestima y las empujan al aislamiento.
P.- Dice textualmente que su lectura servirá «para afrontar los retos de la longevidad, como el desgaste de las capacidades físicas y cognitivas, la jubilación, las despedidas y separaciones de seres queridos, el aislamiento y la soledad». ¡Pinta mal desde mis más de 50 llegar a ser octogenario!
R.- Pinta mal incluso entre aquellas veteranas que expresan altos niveles de satisfacción con la vida, pero mantienen la creencia de que a la mayoría de sus contemporáneos no les va bien.
P.- Se refiere también al divorcio, que parece que está de moda este siglo XXI. Dice: «Resulta curioso que en la lista oficial de causas de divorcio (abandono, adulterio, malos tratos, delitos y otros conflictos) no se incluya la infelicidad. Lo he tenido que leer tres veces porque leía infidelidad, que ya estaba citado como adulterio… Risas…» ¿Cómo se podría abordar esta cuestión para evitar tanta ruptura? Un sabio consejillo…
R.- La larga longevidad nos da la oportunidad de no rendirnos y probar de nuevo con la esperanza de alcanzar nuestras ilusiones amorosas. Las rupturas no significan la muerte del amor, sino su renacimiento, el fin de ideales pasados y el principio de ilusiones nuevas. Porque amar y ser amados es una fuerza vital.
P.- «La asignatura del bien morir sigue siendo una de las más ignoradas», dice. Y habla del final de la vida aceptando la eutanasia. ¿No choca eso con su juramento hipocrático?
R.- Estoy convencido de que son muchos los que se sienten reconfortados al saber que tienen en sus manos la oportunidad de elegir, de acuerdo con sus principios, el último adiós y la opción de ahorrar a sus seres queridos un largo tormento.
P.- Y dice usted que a estas alturas del siglo XXI, una longevidad productiva y feliz no es el privilegio de unos pocos, sino el destino de la mayoría. «Recomiendo programarnos para apreciar y disfrutar el regalo de los años». Denos un par de buenos consejos…
R.- No pasa un día sin que me maraville con el poder curativo del habla, incluidos los soliloquios. Gracias a las palabras, nos desahogamos, resolvemos conflictos y recuperamos la ilusión por vivir. La extroversión nos mueve a la comunicabilidad y las conexiones con otras personas promueven y protegen la satisfacción con la vida.
También recomiendo el sentido del humor, tanto a la hora de disfrutar del presente como de reflexionar sobre el pasado. El humor nos ayuda a tratar con incongruencias, aliviar la inseguridad e inyectarnos alegría. Nunca olvidaré el día, ya lejano, que le pregunté a mi madre:
—Mamá, cuando te mueras, ¿qué prefieres, que te enterremos?
o que te incineremos?
—¡Dame una sorpresa! —me respondió con una sonrisa picaresca.
Y los dos rompimos a reír.
