¿Puede el calor influir en el aumento de diagnósticos en salud mental?: esto dicen los expertos

0
26

La primavera suele asociarse a bienestar e incluso a alegría, gracias a más horas de luz y temperaturas más suaves. Sin embargo, para muchas personas, este cambio de estación, junto con la posible reactivación de planes sociales, puede venir acompañado de un aumento de la ansiedad, la inquietud y la dificultad para relajarse.

Los estudios han demostrado que el incremento de la exposición lumínica influye en la regulación de la melatonina y otros neurotransmisores implicados en el estado de ánimo. A su vez, el ascenso térmico y la modificación de rutinas pueden alterar los ritmos circadianos y el descanso. Esta combinación de factores biológicos y conductuales puede generar desajustes emocionales temporales y actuar como elemento de vulnerabilidad en los trastornos de salud mental.

De hecho, datos recientes han demostrado que el incremento de la temperatura ambiental se asocia con un mayor número de diagnósticos en salud mental. En concreto, el incremento térmico podría estar relacionado con aproximadamente uno de cada cuatro nuevos diagnósticos de ansiedad y cerca de uno de cada seis nuevos casos de depresión, lo que equivale al 25% y al 17% respectivamente.

«Con la llegada de la primavera se concentran varios factores que incrementan la activación del organismo. En personas vulnerables o con ansiedad previa, estos cambios pueden intensificar los síntomas; en otras, pueden favorecer la aparición de manifestaciones leves y transitorias como inquietud o alteraciones del sueño. En estos casos, es importante contar con estrategias de manejo adecuadas y, cuando es necesario, con opciones terapéuticas que ayuden a regular los síntomas, como Lasea®, que ha demostrado beneficios en el manejo de la ansiedad leve y cuenta con un perfil de seguridad favorable», explica el doctor Luis Herrera, director médico de Schwabe Farma Ibérica.

Varios estudios han señalado que algunos trastornos del estado de ánimo tienen un patrón estacional, llamado trastorno afectivo estacional (TAE), y su prevalencia está entre el 1% y el 10% de la población. Este fenómeno está basado en la sensibilidad a las variaciones de luz y clima, con un origen multifactorial en el que intervienen factores ambientales, genéticos y sociales5. Es más frecuente en zonas del norte y durante la primavera, y doblemente más frecuente en mujeres. La edad de inicio es habitual entre los 18 y los 30 años.

Ritmo biológico y pérdida de sueño

A este ajuste ambiental se suma el cambio horario de verano, actualmente realizado por cerca de 70 países en el mundo, que implica la pérdida de una hora de sueño. Aunque la evidencia científica sobre su impacto en la salud mental es heterogénea, algunos estudios han observado variaciones en indicadores como el estado de ánimo, el insomnio o la somnolencia tras las transiciones horarias, mientras que otros no encuentran efectos consistentes o incluso apuntan a mejoras en determinados contextos.

En general, estos cambios no afectan de la misma manera a toda la población. Sin embargo, en personas más vulnerables, los cambios en el patrón de sueño y la falta de descanso pueden aumentar los síntomas de ansiedad o depresión. Aunque el cuerpo suele adaptarse de manera gradual en las dos semanas siguientes.

Por su parte, la Dra. Verónica Olmo, Médico de Familia en el CS Torreblanca y Miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de SEMERGEN, explica que «la primavera tiene efectos duales sobre la salud mental. Aunque la mayoría de las personas experimentan mayor afecto positivo, mejor ánimo y más energía con las temperaturas cálidas y mayor luz solar, aproximadamente el 10% de personas con trastorno afectivo estacional sufren el patrón opuesto en primavera/verano, caracterizado por irritabilidad, insomnio, agitación y ansiedad. Las señales de alarma que requieren atención profesional incluyen cambios en el sueño o apetito, alejamiento social, fatiga persistente, cambios severos de humor, pensamientos intrusivos y especialmente pensamientos suicidas o de autolesión».

En una estación como la primavera, asociada a la energía y el aumento de las actividades de ocio, comprender que el organismo necesita un periodo de ajuste y contar con estrategias adecuadas para manejar la ansiedad puede ayudar a vivir con mayor equilibrio emocional.