
Es probable que no recuerdes los primeros años de tu infancia. Pocas son las personas que logran tener recuerdos reales y consistentes antes de los tres años. Es un fenómeno bastante común, que ha despertado genuina curiosidad, tanto entre los científicos como en cualquier persona que desea recordar esa parte de su vida.
Siempre que se observa a un niño reaccionar a los estímulos externos, podría surgir la duda de porqué estas experiencias no parecen almacenarse en la memoria. Y, tras nuevas investigaciones, los científicos han descubierto que no solo los humanos atraviesan por este fenómeno.
¿Por qué los humanos no recuerdan su infancia temprana?
Como se mencionó, este fenómeno no es exclusivo de los seres humanos: también lo sufren otros mamíferos como los ratones. Ellos también demostraron patrones parecidos al olvido con respecto a sus experiencias tempranas.
No recordar las primeras vivencias tiene un nombre: amnesia infantil. Muchas investigaciones en torno a ella buscan descifrar porqué no se puede acceder a los recuerdos de las primeras etapas de vida durante la edad adulta.
Los recuerdos suelen limitarse a fragmentos de experiencias sucedidas antes de los tres años, o incluso, puede no haber ningún recuerdo. Pero esto no tiene que ver nada más con el paso del tiempo, ya que se ha demostrado que es más sencillo para un adulto recordar con nitidez su adolescencia, que un evento reciente.
De acuerdo con la Universidad de Queensland, a pesar de que los bebés y los niños sí pueden formar recuerdos, la memoria a largo plazo aún no está completamente desarrollada. Sino que se consolida a poco a poco durante la infancia. Siendo la razón por la que los adultos no recuerdan totalmente qué pasó antes de los siete años. Y mucho menos antes de los tres años.

No solo les pasa a los humanos
Un estudio reveló que un experimento con ratones demostró que estos roedores tampoco recuerdan qué pasó durante sus primeros meses de vida cuando alcanzan la adultez. Aquellos ratones que aprendieron a escapar de un laberinto, olvidaron cómo hacerlo cuando crecieron.
Ese mismo estudio también revela que los recuerdos no se eliminan del todo. Solamente quedan fuera de la memoria consciente cuando se llega a la adultez. Al activar células cerebrales específicas en ratones adultos, detectaron que es posible recuperar recuerdos creados en la infancia. Demostrando que estos quedan almacenados de forma latente.
Cuando nacemos, el cerebro aún no se desarrolla por completo: va creciendo poco a poco durante los años siguientes. El crecimiento implica la producción acelerada de neuronas, especialmente en zonas como el hipocampo. En la infancia, una parte del hipocampo, llamada giro dentado, es el encargado de la creación masiva de neuronas.
Este proceso podría alterar las conexiones ya existentes, dificultando que los recuerdos creados en las etapas tempranas sean duraderos. Conforme vamos creciendo, se producen menos neuronas, estabilizando las redes de memoria en etapas posteriores. Aunado a que las células inmunitarias del cerebro también puede influir en el olvido de recuerdos.
Sin embargo, sigue la duda de si esto es parte de la selección natural para evitar la sobrecarga de información irrelevante o traumática. O si solo se trata de las consecuencias del aprendizaje y la reorganización neuronal de los primeros años de vida. Lo que sí ha quedado claro es que estos recuerdos pueden dejar huellas en el comportamiento de las personas.
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