Los expertos calculan que el 10% de las personas tendrán fascitis plantar en algún momento de su vida. La fascitis plantar es una de las causas más frecuentes de dolor en la zona del talón y la planta del pie; suele ir asociada (aunque no siempre) a inflamación de la fascia, el tejido que atraviesa la planta del pie, conectando el hueso del talón con los dedos.
Lo más habitual es que se presente como un dolor punzante al dar los primeros pasos del día, y suele remitir a medida que nos movemos, reapareciendo después de estar de pie o sentado durante periodos prolongados. Es particularmente frecuente en personas que corren y en quienes tienen sobrepeso.
En la fascitis es habitual la aparición de un ‘espolón calcáneo’, un pequeño crecimiento del hueso donde la fascia plantar se une al talón. La presencia del espolón no significa necesariamente que exista inflamación, según explica la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). Se trata de una afección que tenemos mayor riesgo de desarrollar a medida que cumplimos años, y se presenta sobre todo entre los 40 y los 60.
Factores relacionados
Un nuevo estudio que se ha dado a conocer en la Revista Española de Podología ha identificado varios factores relacionados con el engrosamiento de la fascia plantar en hombres que padecen esta condición. La investigación aporta nuevas evidencias sobre cómo evoluciona esta enfermedad, refuerza el valor de la ecografía musculoesquelética para mejorar el diagnóstico y diseñar tratamientos más personalizados según el perfil individual de cada paciente.
El trabajo, desarrollado por Rubén Montes Salas, Ramón Mahillo Durán y José Manuel Castillo López, analizó a 44 pacientes varones con fascitis plantar mediante ecografía, relacionando el grosor de la fascia plantar con variables clínicas, funcionales, antropométricas y de actividad física.
Los resultados mostraron un grosor medio de la fascia de 5,97 milímetros, claramente por encima del punto de corte de 4 milímetros aceptado en la literatura científica como criterio para establecer un diagnóstico de fasciopatía plantar.
Evolución diferente de los casos
Uno de los principales mensajes del estudio es que el grosor de la fascia permite una evaluación objetiva del estado del tejido más allá del dolor que refiere el paciente.
«Este estudio demuestra que el grosor de la fascia plantar en hombres se asocia no solo con el dolor, sino también con la función del pie, la duración de la enfermedad, el antecedente de tratamiento previo y el nivel de actividad física», explica Rubén Montes Salas, autor principal.
Los investigadores observaron que los pacientes con peor función del pie —medida mediante el índice Foot Function Index (FFI)— presentaban mayor engrosamiento de la fascia, lo que sugiere una progresión estructural paralela al deterioro funcional.
«A mayor deterioro funcional, mayor es el engrosamiento de la fascia plantar, lo que refleja una progresión estructural de la enfermedad», añade Montes.
Otro de los hallazgos relevantes fue que los hombres físicamente activos mostraban fascias más gruesas.
«El impacto repetido asociado a la actividad física se relaciona con un mayor grosor fascial. Este engrosamiento puede interpretarse como una adaptación mecánica, pero cuando se acompaña de dolor y disfunción, probablemente refleja un proceso patológico por sobrecarga», señala Rubén Montes.
Asimismo, el estudio identificó que los pacientes que no habían recibido tratamiento previo presentaban un mayor engrosamiento de la fascia. «Este hallazgo sugiere que la ausencia de tratamiento puede favorecer cambios estructurales más marcados en la fascia plantar, apoyando la importancia del diagnóstico y la intervención precoz», subraya el investigador.
Chema Castillo, coautor del estudio y especialista en podología deportiva, coincide en la relevancia clínica de este dato: «Cuanto antes se evalúa y se actúa, mejores resultados se pueden obtener. El grosor fascial es un indicador útil para monitorizar la evolución».
El valor de la ecografía
Los autores destacan especialmente el papel actual de la ecografía musculoesquelética en consulta. «La ecografía es una herramienta clave para confirmar el diagnóstico, cuantificar el grosor de la fascia plantar y ayudar a personalizar el tratamiento», asegura Rubén Montes.
Además de confirmar la presencia de fascitis plantar, esta técnica permite monitorizar cambios estructurales durante la evolución de la lesión y valorar la respuesta terapéutica. «En podología deportiva, la ecografía se ha convertido en una herramienta imprescindible. Nos permite detectar alteraciones antes de que el paciente note un empeoramiento significativo y nos ayuda a individualizar el tratamiento», añade Chema Castillo.
