María Cordón no habla de salud como quien recita un protocolo. Lo hace como quien ha vivido el cuidado desde la cuna, lo ha llevado en la sangre —hija del empresario aragonés Publio Cordón, fundador del Grupo Hospitalario Quirón, que fue secuestrado en 1995 por los GRAPO y murió durante el cautiverio— y lo ha convertido en un arte personal. Médico de formación, empresaria por vocación, impulsora incansable de modelos asistenciales innovadores, María Cordón lleva años conjugando ciencia y alma, gestión y humanidad. Ahora, con el flamante centro en Madrid, Hospital Memorial Publio Cordón, quiere transformar la experiencia del paciente en algo más profundo: un camino de bienestar integral. «Lo llamamos humanismo clínico: curar con ciencia, cuidar con alma. No queremos que sea simplemente un hospital, sino una cultura del cuidado», explica en entrevista a OKSALUD.
La familia Cordón Muro, que vendió los hospitales Quirón al fondo CVC en 2015- volvió al negocio de la sanidad privada con la marca Blue Healthcare, cuyo principal proyecto es este nuevo complejo de atención sanitaria, ubicado en el Paseo de la Casa de Campo, 5, de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. Paseamos por este hospital privado, que funcionará con tarjeta de reembolso, del que Pilar Muro —la viuda de Publio Cordón— es la presidenta y María Cordón —la tercera hija del matrimonio—, fundadora y CEO, edificado sobre unos terrenos de 15.000 metros cuadrados cerca de la Casa de Campo.
Paseamos por el Hospital Memorial Publio Cordón y nos topamos con su socio y vicepresidente en los años de Quirón, José Ramón Rubio, quien nos sonríe parapetado tras sus gafas. Han confiado en sus personas de confianza: Alfonso Escárate está al frente de las labores de dirección general y financiera, en la dirección-gerencia se halla Olga Luján, quienes liderarán el día a día de una plantilla prevista de alrededor de 250 profesionales, conjugando la medicina de alta precisión —cirugía robótica, genómica, diagnóstico avanzado— con un «alma profunda» en un centro que concibe las habitaciones como suites de hotel. Tanto es así que María Cordón posa ante el gran piano de cola que, como en su casa, preside la entrada al centro.
PREGUNTA.- Usted creció en una familia profundamente ligada a la sanidad. ¿Qué fue lo que más le marcó de esa etapa?
RESPUESTA.- Crecí entendiendo que la medicina es una forma de estar en el mundo. En mi casa se hablaba de responsabilidad y vocación. Aprendí que detrás de cada diagnóstico hay una historia, un miedo y una esperanza. Lo que más me marcó fue ver que cuidar no es solo curar; es mirar a los ojos, escuchar y acompañar con dignidad. Desde entonces sostengo que el paciente no es una patología; es una biografía.
P.- ¿Fue natural estudiar Medicina? ¿Cómo llegó a la gestión?
R.- Fue una elección absolutamente libre. Estudié Medicina para comprender al ser humano, pero luego entendí que podía contribuir mejor construyendo modelos asistenciales donde miles de personas fueran cuidadas. Ahí descubrí que gestionar bien también es cuidar. La gestión no es burocracia cuando tiene propósito; es medicina estructural: organizar procesos y elegir equipos impacta directamente en cómo se siente el paciente.
P.- Gracias por recibirnos en su proyecto, que hace «de la medicina un arte más que una fábrica expendedora de fármacos y tratamientos», como me dijo previamente. Háblenos del Hospital Memorial Publio Cordón. ¿Qué busca aportar?
R.- Queremos demostrar que otra forma de hacer medicina es posible, recuperando el tiempo, la excelencia y la humanidad. Nuestro modelo une la medicina de alta precisión —cirugía robótica, genómica, diagnóstico avanzado— con un alma profunda. Lo llamamos humanismo clínico: curar con ciencia, cuidar con alma. No queremos que sea simplemente un hospital, sino una cultura del cuidado.
P.- Podemos decir entonces que el concepto se acerca al del hospital de vida más que de enfermedad…
R.- El hospital del futuro debe ser un compañero de salud a lo largo de la vida. Debe resolver enfermedades graves con excelencia, pero también ayudar a la persona sana a prevenir y gestionar su salud. Por eso apostamos por la medicina preventiva, longevidad saludable, genética y oncología de precisión. No solo queremos añadir años a la vida, sino vida a los años.
P.- ¿Cómo se conjuga la alta tecnología, como la cirugía robótica, con el bienestar emocional?
R.- Deben ir de la mano. La tecnología pierde valor si el paciente vive el proceso con soledad. La excelencia real aparece cuando una cirugía robótica de última generación se acompaña de una explicación serena. La robótica potencia la precisión del cirujano y ofrece al paciente beneficios tangibles: menos dolor, menor sangrado y recuperaciones más rápidas. Pero, sobre todo, aporta seguridad, y sentirse seguro es parte del tratamiento.
P.- Llaman la atención los espacios de este novedoso centro. ¿Cómo los describiría?
R.- Es un ecosistema integral de alta complejidad con todas las especialidades y urgencias 24 horas. Pero más allá de la tecnología, hemos cuidado cómo se ‘siente’ el espacio: la luz natural, el silencio y la calidez de los materiales están pensados para reducir el estrés y favorecer la recuperación. Cuidar también es una cuestión de sensibilidad; la belleza y el entorno amable ayudan a aliviar la ansiedad.
P.- ¿Podemos hablar de pacientes como personas y no como números?
R.- Esa es nuestra razón de ser. Queremos evitar la medicina fragmentada. La persona no es una resonancia o una analítica; es una vida entera que necesita ayuda. Buscamos que los equipos se coordinen y haya un acompañamiento continuo. La confianza nace cuando el paciente siente que de verdad están con él.
P.- Usted menciona la cultura del cuidado. ¿Qué implica esto?
R.- Es una manera de organizarse y liderar. Implica cuidar al paciente, pero también al médico, a la enfermería y a los tiempos. Cuando el cuidado está en el centro, mejora la calidad y el resultado asistencial. Para mí, es el verdadero lujo de la medicina del futuro. Además, cuidar es una de las formas más elevadas de amor, porque implica poner atención genuina en el bienestar del otro en momentos de vulnerabilidad.
P.- A unos días de la inauguración ante la presencia de S.A.R. la Infanta Doña Elena de Borbón (11 de mayo). ¿Puede darnos alguna exclusiva sobre el proyecto?
R.- Sí. Hemos impulsado un modelo pionero de colaboración con instituciones líderes y médicos líderes. Como ejemplo de instituciones: En Oftalmología trabajaremos junto a Clínica Barraquer; en Reproducción Asistida contaremos con IVI; y en Oncología Radioterápica colaboraremos con INMOA. Para ofrecer la mejor salud, hay que rodearse de los mejores. Queremos que converjan el mejor talento y la tecnología bajo una misma filosofía.
P.- ¿Cuál le gustaría que fuera su legado?
R.– Haber contribuido a humanizar la medicina. Si logramos devolver tiempo a los médicos y dignidad al paciente, habrá valido la pena. El reto actual no es tecnológico, sino humano: que el progreso no nos aleje de lo esencial. La medicina necesita volver a mirar a los ojos. Si demostramos que se puede curar con ciencia y cuidar con alma, habremos cambiado la manera de entender la salud.
