Escándalo en la Sanidad Exterior de Mónica García: exigen a la OMS auditar el servicio al incumplir las normas

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La Sanidad Exterior en España se enmarca dentro del Reglamento Sanitario Internacional de la Organización Mundial de la Salud, un acuerdo global que obliga a los Estados a disponer de capacidades de vigilancia y respuesta en sus puntos de entrada internacionales. En el caso español, este sistema se concreta en la designación oficial de ocho puertos y cinco aeropuertos estratégicos, que deben funcionar como barreras sanitarias frente a riesgos procedentes del exterior. Estos puntos incluyen infraestructuras como el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas o el puerto de Barcelona, entre otros, y constituyen nodos esenciales del control sanitario fronterizo del Estado.

Sobre el papel, estos puntos de entrada deben contar con personal de Sanidad Exterior operativo de forma continua, capacidad de inspección sanitaria de viajeros y mercancías, y mecanismos de respuesta rápida ante posibles emergencias de salud pública internacional. El objetivo del sistema no es únicamente administrativo, sino operativo: detectar, evaluar y contener riesgos biológicos en el mismo punto de entrada antes de que se propaguen al territorio nacional.

Sin embargo, tras la crisis sanitaria del crucero y el hantavirus, se han puesto sobre la mesa las carencias de este servicio, al que la ministra de Sanidad, Mónica García, ha despreciado a tenor de la falta de inversión realizada en estos puntos estratégicos a pesar de la carta que la Asociación de Médicos de Sanidad Exterior (AMSE), le envió en 2025. De hecho, según denuncian, ni se «dignó a contestar». Sin embargo, el pasado domingo la vimos con el chaleco de esta unidad sin servicios y a los que pagan un euro la hora extra. Por ello, han exigido una auditoría a la OMS, aunque, tras recibir de España 60 millones de euros, lo ven imposible.

El debate actual no se centra en la existencia formal del sistema, sino en su capacidad real de respuesta. En distintos contextos operativos se ha señalado que los equipos disponibles en frontera pueden ser reducidos, con dotaciones limitadas de personal sanitario y recursos materiales, especialmente en situaciones de emergencia extraordinaria o evacuaciones sanitarias coordinadas con otros cuerpos del Estado. Esta limitación plantea interrogantes sobre la suficiencia de medios ante escenarios de alta complejidad epidemiológica.

El reciente contexto de alerta asociado a enfermedades emergentes como el hantavirus ha vuelto a poner el foco en esta cuestión. En situaciones de riesgo biológico, la capacidad de reacción inmediata en frontera es un elemento crítico para evitar la expansión de posibles contagios. La existencia de equipos reducidos, como un médico y una enfermera en determinados dispositivos de actuación, ha sido señalada como un posible punto de debilidad si se enfrentaran a una infección de alta gravedad o rápida transmisión.

Sin capacidad funcional real

Desde una perspectiva de salud pública internacional, el Reglamento Sanitario Internacional no sólo exige estructuras administrativas, sino capacidades funcionales reales y demostrables. Esto implica recursos humanos suficientes, equipamiento adecuado y protocolos de respuesta inmediata en todos los puntos de entrada designados. La evaluación de estas capacidades es clave para determinar si el sistema responde de forma efectiva a las exigencias del entorno sanitario global actual.

En este contexto, algunos planteamientos críticos sostienen que la Organización Mundial de la Salud debería llevar a cabo una auditoría independiente sobre la capacidad operativa real de los sistemas de Sanidad Exterior en los Estados miembros. El objetivo no sería revisar la normativa existente, sino comprobar si la implementación práctica se corresponde con los estándares exigidos por el propio Reglamento Sanitario Internacional.

La Sanidad Exterior española constituye una pieza esencial del sistema de seguridad sanitaria internacional, pero su eficacia no depende únicamente de su diseño normativo. La verdadera cuestión reside en si los medios humanos y materiales disponibles en los puntos de entrada son suficientes para responder con garantías ante amenazas biológicas reales en un contexto de movilidad global creciente. «Exigimos que la OMS audite la Sanidad Exterior de España ante el incumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional, porque no tenemos ni medios alguno, ni donde cambiarnos el equipo de protección individual (epi)», denuncian.