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Cultura · 5 min de lectura

El Carnaval de Santiago: la rivalidad de barrios que creó a los lechones

Pepineros contra Joyeros: la historia de los lechones del Carnaval de Santiago, uno de los más antiguos de RD.

Máscaras de carnaval con cuernos exhibidas en una calle, similares en espíritu a las de los lechones de Santiago

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Un carnaval nacido de la posguerra

El Carnaval de Santiago de los Caballeros es, junto al de La Vega, uno de los más antiguos y reconocidos de República Dominicana, pero su origen y su personaje central —el lechón— tienen una historia propia que lo distingue de los diablos cojuelos veganos. Los historiadores ubican sus raíces en 1867, apenas un año después de la Restauración de la República, cuando la ciudad empezó a celebrar de forma popular y festiva las conmemoraciones patrias. El general Pedro Santana pidió que el primer aniversario de la gesta restauradora se festejara "de la forma más popular, participativa y festiva posible", y esa orden terminó germinando en lo que hoy es el carnaval santiaguero.

A diferencia de otros carnavales del país, el de Santiago está estrechamente ligado a ese periodo de posguerra y a las celebraciones de la Segunda República, y no existe documentación que lo vincule de forma probada a la época colonial. Con el tiempo, el carnaval se fue asociando también a las fiestas de la Independencia Nacional, lo que reforzó su carácter patriótico y su continuidad año tras año.

Pepineros y Joyeros: una rivalidad de barrio

El corazón del carnaval de Santiago no es una sola comparsa, sino la rivalidad histórica entre dos sectores de la ciudad. Al norte, el barrio de Los Pepines dio origen a los "pepineros", conocidos también como gente de "Pueblo Arriba". Al sur, el sector de La Joya dio origen a los "joyeros", identificados con "Pueblo Abajo" y, según los cronistas, de extracción social más humilde.

Durante buena parte del siglo XX, este enfrentamiento fue mucho más que una competencia festiva: los choques entre pepineros y joyeros por las calles de Santiago a veces terminaban en batallas con armas blancas, y la década de 1950, bajo la dictadura de Trujillo, dejó episodios especialmente violentos. La rivalidad solo se fue institucionalizando y encauzando hacia lo estrictamente festivo con el paso de las décadas: en 1980 se conformó el Comité de Fiestas y Tradiciones de Santiago, pensado para organizar y darle continuidad al carnaval, y ya en 1987 la celebración alcanzó un protagonismo inusual, integrando a distintos sectores de la ciudad en una fiesta más amplia y menos violenta que en el pasado.

El lechón: guardián, no villano

El personaje más reconocible del carnaval santiaguero es el lechón, una figura que —según la tradición oral recogida por cronistas e investigadores— no nació como un simple disfraz de fantasía, sino como una suerte de guardián del orden dentro del propio carnaval: los primeros lechones surgían para mantener la disciplina entre el público y abrir camino a las comparsas que desfilaban detrás.

Como pepineros y joyeros compartían las calles y a veces se confundían entre sí, cada bando desarrolló distintivos propios en sus máscaras para poder reconocerse a simple vista. Los lechones pepineros llevan cuernos lisos que terminan en punta fina, con un pico ancho que recuerda al de un pato. Los lechones joyeros, en cambio, llevan cuernos arqueados, con pequeñas protuberancias o "espinas y puyas", y un pico que se asemeja más al hocico de un cerdo. Existe además una variante del sector Pueblo Nuevo, derivada del estilo joyero, cuyas protuberancias terminan en pequeñas flores en lugar de puntas.

El traje tradicional se completa con trajes de lanilla en dos o tres colores vivos, decorados con lentejuelas y espejitos que brillan bajo el sol de febrero, y con un accesorio que ha cambiado de forma a lo largo del tiempo: originalmente los lechones llevaban una simple varita en la mano; más adelante la sustituyeron por un fuete hecho de cabuya, y finalmente adoptaron la vejiga de vaca inflada, con la que "fuetean" en broma —y a veces no tanto en broma— a los espectadores que se les acercan demasiado. Ese golpe de vejiga es, todavía hoy, uno de los momentos más esperados y temidos del desfile.

Cómo se vive hoy

El Carnaval de Santiago se celebra tradicionalmente durante los cuatro domingos de febrero, con un cierre que suele coincidir con las celebraciones de la Independencia Nacional a finales de mes. Cada domingo, las comparsas de lechones pepineros y joyeros —hoy conviviendo en son de fiesta y no de pelea— recorren las principales avenidas de la ciudad, seguidas de carrozas, música y bailes populares.

La ciudad conserva además un Museo del Carnaval, dedicado a documentar la evolución de los trajes, las máscaras y la historia del propio carnaval, un espacio que permite ver de cerca la diferencia entre un lechón pepinero y uno joyero sin tener que esperar a febrero. Para quien visite Santiago fuera de temporada, este museo es la mejor forma de acercarse a una tradición que lleva más de siglo y medio construyéndose calle por calle, entre rivalidad de barrio y orgullo compartido por una misma ciudad.

Más allá del espectáculo visual de las máscaras, lo que hace único al carnaval santiaguero es justamente ese origen social: no es un carnaval diseñado desde arriba, sino uno que creció desde la disputa entre dos barrios que, con los años, aprendieron a convertir su rivalidad en la fiesta más esperada del año.

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