Internacionales · 6 min de lectura
Cuba acumula su octavo apagón nacional de 2026 mientras el turismo se derrumba y Punta Cana bate récords
La isla sufrió el 18 de septiembre un nuevo colapso eléctrico total mientras su turismo cae más de 55% y República Dominicana marca cifras históricas de visitantes.

La isla vuelve a quedar a oscuras
Cuba sufrió el 18 de septiembre un nuevo colapso total de su Sistema Electroenergético Nacional, el séptimo de 2026 según la cadena RCN y el diario chileno Emol, aunque el portal mexicano Plano Informativo contabilizó ese mismo episodio como el octavo del año, una discrepancia que refleja lo difícil que resulta incluso para la prensa seguirle el paso a una crisis que ya se ha vuelto rutinaria en la isla. Según la empresa estatal Unión Eléctrica, una falla en la línea de transmisión de 220 kV entre Matanzas y Cienfuegos desató un efecto en cascada que desconectó por completo el sistema y dejó sin corriente a más de 9.4 millones de cubanos. En La Habana el apagón se prolongó por más de 30 horas consecutivas, mientras que en algunas provincias del interior los cortes llegaron a las 60 horas, de acuerdo con reportes recogidos por NTN24 y Voz Media.
No fue un hecho aislado. El 3 de agosto, apenas seis semanas antes, la isla había enfrentado lo que en ese momento medios como Al Jazeera, Bloomberg Línea y La República de Perú describieron como el sexto apagón nacional del año, con un impacto estimado en 10 millones de habitantes. Y el 6 de julio, Cuba ya había sufrido su tercer colapso total en menos de diez días, el octavo en poco más de 24 meses según Telemundo 51, con un déficit energético calculado en 2,165 megavatios y once de las dieciséis unidades termoeléctricas del país fuera de servicio por averías o mantenimiento. El patrón, documentado por Diario de Cuba y otros medios, muestra al menos una docena de apagones de alcance nacional desde finales de 2024.
Una crisis con causas que se repiten
Las explicaciones oficiales y las de analistas independientes coinciden en varios puntos. Las catorce centrales termoeléctricas del país, construidas en su mayoría entre los años setenta y ochenta, operan muy por debajo de su capacidad por falta de mantenimiento y repuestos. A eso se suma una escasez crónica de combustible: Cuba necesita más de 100,000 barriles de petróleo diarios para cubrir su demanda energética, pero produce apenas 40,000 de forma doméstica, según cifras citadas por Plano Informativo. Desde enero de 2026, Estados Unidos mantiene lo que varios medios describen como un bloqueo petrolero de facto, amenazando con sanciones comerciales a terceros países que vendan crudo a la isla, mientras Venezuela —históricamente el principal proveedor de petróleo subsidiado a La Habana— se encuentra impedida de enviar cargamentos. El ministerio de Energía cubano ha calificado la situación como "aguda", "crítica" y "extremadamente tensa", y ha reportado el arranque progresivo de unidades en varias centrales a medida que se "crean las condiciones", según Bloomberg Línea.
El gobierno cubano anunció este año 176 medidas para abrir parcialmente el sector energético a la inversión extranjera, incluyendo la primera autorización a una empresa foránea para importar y comercializar combustible, y el permiso a 200 empresas locales para distribuir hidrocarburos al por mayor. Economistas consultados por la prensa regional atribuyen buena parte del colapso a la centralización del modelo económico cubano, que ha dejado al país sin margen de maniobra frente a shocks externos. El Banco Central y organismos independientes proyectan que la economía cubana se contraerá al menos 6.5% en 2026.
El turismo se desploma justo cuando Punta Cana bate récords
El efecto más visible de la crisis energética, más allá de los hogares a oscuras, es el derrumbe del turismo cubano, una de las pocas fuentes de divisas que le quedaban al país. Según datos oficiales recogidos por El Nuevo Diario de República Dominicana, la llegada de visitantes internacionales a Cuba cayó 55.8% en los primeros cuatro meses de 2026 frente al mismo período de 2025, con apenas 328,608 turistas en total y solo 30,551 en abril. Canadá, el mercado emisor históricamente más importante para la isla, registró una caída de 63.8%, con 125,444 visitantes; Rusia cayó 56.7%; y el regreso de cubanos residentes en el exterior bajó 41.2%. Otros reportes de Bloomberg Línea y Voz Media, usando ventanas de tiempo distintas, hablan de caídas de entre 56% y 58% en lo que va del año, cifras que varían según el corte temporal pero que apuntan en la misma dirección. Cuba llegó a recibir 4.6 millones de turistas en 2018; 2025 ya había sido su peor año desde 2002, sin contar la pandemia, y 2026 va camino de ser todavía más bajo.
Mientras eso ocurre a menos de 80 kilómetros de Haití y a un corto vuelo de Santo Domingo, República Dominicana vive la contracara exacta. El Ministerio de Turismo informó, a través de la Presidencia de la República, que el país recibió 8,556,415 visitantes entre enero y agosto de 2026 —6,610,258 por vía aérea y 1,946,151 cruceristas—, un 6.9% más que en el mismo período de 2025 y un 58.9% por encima de 2019. El ministro David Collado calificó la cifra como "otro récord más en la historia del turismo dominicano" en la presentación del 14 de septiembre, con una ocupación hotelera de 68% en agosto y una satisfacción turística de 4.3 sobre 5 puntos. El propio El Nuevo Diario señaló que, mientras Cuba se apaga, destinos caribeños competidores como Punta Cana y Cancún "registran cifras récord de visitantes y una fuerte recuperación pospandemia".
Qué significa para República Dominicana
La relación entre ambas realidades no es casual. Operadores turísticos y analistas del sector han señalado que parte de la demanda que históricamente se repartía entre Cuba y otros destinos del Caribe —incluidos viajeros rusos, canadienses y europeos que antes preferían La Habana o Varadero por precios más bajos— se ha redirigido hacia Punta Cana, Samaná y otros polos dominicanos, atraídos por la estabilidad del suministro eléctrico y la conectividad aérea. A esto se suma un riesgo migratorio que las autoridades dominicanas vigilan de cerca: la crisis cubana ha intensificado las salidas de balseros hacia Bahamas y Florida, una ruta que no pasa directamente por territorio dominicano, pero que forma parte del mismo tablero migratorio caribeño que preocupa a Santo Domingo, junto a la crisis haitiana en la frontera oeste. Para el consumidor dominicano, el otro efecto indirecto es energético: cualquier tensión adicional sobre los mercados de crudo del Caribe —ya tensionados por las restricciones a Cuba y Venezuela— es una variable más a vigilar en los precios de los combustibles que fija semanalmente el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes.
Por ahora, no hay señales de que la Unión Eléctrica cubana cuente con un plan de corto plazo capaz de revertir el deterioro de su infraestructura. Mientras el gobierno de la isla insiste en que trabaja para "crear las condiciones" que permitan reactivar sus plantas, la brecha entre el apagón cubano y el récord turístico dominicano se ha convertido en una de las comparaciones más citadas por la prensa regional para ilustrar el contraste de dos modelos económicos vecinos en el Caribe.
