Ángel Viudes: «El virus chikungun ya no es un problema de África y Asia, sino de salud pública global»

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El virus chikungunya (VCHIK) ha pasado de ocasionar una enfermedad confinada a zonas geográficas concretas de África y Asia a ser uno de los mayores peligros para la salud pública a nivel mundial.

Originalmente detectado en 1952 en Tanzania, su nombre deriva del idioma makonde y significa postura retorcida, una descripción muy visual del intenso dolor articular que obliga a los pacientes a encorvarse.

Así, Ángel Viudes Fuster, Jefe de Servicio de Sanidad Exterior, CVI de Valencia, ha precisado que «la vía principal de transmisión del VCHIK es la picadura de mosquitos hembra infectados del género Aedes, principalmente Aedes aegypti y Aedes albopictus, este último conocido como mosquito tigre. El virus ha pasado de un entorno selvático africano, de donde emergió, a un ciclo urbano gracias a la capacidad de adaptación de los mosquitos a vivir cerca de las personas y a alimentarse de ellas».

El virus inició una expansión explosiva a partir de 2004. «Este éxito colonizador se debe a una combinación de factores biológicos y humanos», ha señalado este especialista en microbiología y parasitología clínica. «Por un lado, una mutación genética específica permitió al virus adaptarse al mosquito tigre (Aedes albopictus), una especie mucho más resistente a climas templados que el vector tradicional (Aedes aegypti). Por otro lado, la intensa movilidad humana y el comercio internacional de neumáticos usados (donde los huevos del mosquito viajan con facilidad) han actuado como puentes para su llegada a Europa y América. De esta manera se ha facilitado la dispersión del virus hacia poblaciones que carecen de inmunidad previa».

Por otro parte, el cambio climático también juega un papel crucial. El aumento de las temperaturas globales no solo amplía el hábitat de estos insectos, sino que acelera la velocidad con la que el virus se reproduce dentro del mosquito, acortando los tiempos necesarios para que una picadura sea infectiva.

Zika y dengue

Por ello, «a diferencia de otros virus similares como el Zika o el dengue, la enfermedad por el VCHIK es altamente sintomática (hasta el 95% de los infectados la desarrollan) y evoluciona en etapas. La fase aguda dura unos 10 días y comienza de forma abrupta con fiebre muy alta, erupción cutánea y un dolor articular simétrico e incapacitante que afecta principalmente a manos, pies y rodillas».

En este sentido, Viudes Fuster, expica que «la fase subaguda tiene lugar entre la tercera semana y el tercer mes, pudiendo reaparecer síntomas de inflamación y una fatiga marcada que afecta seriamente la calidad de vida. Finalmente, la fase crónica es el mayor desafío para la salud pública. Entre el 40% y el 80% de los pacientes sufren secuelas que persisten durante meses o años. Este cuadro incluye dolor articular persistente comparable al de la artritis reumatoide, además de depresión, ansiedad y trastornos del sueño».

Aunque la mortalidad general se considera baja (menos del 1%), «el riesgo aumenta considerablemente en grupos vulnerables como recién nacidos, mayores de 60 años y personas con enfermedades previas, donde puede causar complicaciones mortales como encefalopatía o hepatitis fulminante». A nivel económico, «el impacto es devastador por la pérdida de productividad y el gasto cuidados a largo plazo con unos costes sociales estimados en hasta 185.000 millones de dólares en grandes brotes», asegura Fuster.

En 2025, el VCHIK alcanzó un récord global con más de medio millón de casos, con Brasil como epicentro y Europa también viviendo su mayor crisis hasta la fecha con más de 1.100 casos; la gran mayoría se concentraron en Francia e Italia, donde se establecieron cadenas de transmisión autóctona. A principios de 2026, la tendencia se mantiene al alza. «En España, aunque se registran decenas de casos anuales vinculados principalmente al turismo, el riesgo de transmisión local es real debido a la presencia establecida del mosquito tigre en toda la costa mediterránea y amplias zonas del interior. Por ello, la enfermedad es ahora de declaración obligatoria para así optimizar la vigilancia».

Actualmente no existe un tratamiento viral específico frente al VCHIK por lo que la prevención es la herramienta clave. La reciente comercialización de VIMKUNYA® (Bavarian Nordic) supone un hito. «Esta vacuna se basa en la tecnología de partículas similares a virus, por tanto carece de genoma viral y así se elimina el efecto de infección por la propia vacuna. Esta característica hace que su perfil de seguridad sea muy favorable y se pueda usar incluso en personas mayores o con patologías crónicas», admite Fuster.

La vacuna se encuentra disponible en farmacias bajo receta médica y está indicada a partir de los 12 años de edad.

Para finalizar, Ángel Viudes Fuster, señala que «antes de realizar un viaje al extranjero, es fundamental acudir a un Centro de Vacunación Internacional para recibir un asesoramiento previo e individualizado para evaluar el riesgo de exposición al VCHIK y las medidas preventivas que hay que adoptar».