35.000 microdecisiones al día: el 84% de los españoles sufre fatiga decisional

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¿Papel o plástico? ¿Crédito o débito? Son cientos de decisiones, miles según algunos cálculos de expertos, en una sola jornada. La avalancha de pequeños dilemas y sus posibles consecuencias puede dejarnos exhaustos mental y físicamente. La fatiga entorno a las decisiones (también ‘fatiga decisional’ o ‘fatiga decisoria’) se define como el cansancio (no enfermedad) que experimenta una persona tras verse obligada a adoptar numerosas decisiones a lo largo de un día.

Se ha descrito en estudios científicos como algo que afecta también a los profesionales sanitarios, aunque entonces se refiere a las ‘decisiones clínicas’ que toman cada día respecto al tratamiento de las personas que atienden. Cuando el cansancio es extremo, los síntomas son diversos, pero uno de ellos es la dificultad para sopesar las decisiones de forma racional.

La fatiga decisoria puede ocurrirnos a todos, pero son más vulnerables quienes toman muchas decisiones en su entorno laboral de forma sistemática: jueces o cirujanos serían dos ejemplos extremos, porque en realidad todos tenemos microdecisiones ante nosotros de forma habitual. Si estamos en una situación vital difícil o existe incertidumbre, el riesgo es mayor.

La ‘generación Z’, los más afectados

Ahora, un nuevo estudio de la plataforma Preply asegura que el 84% de los españoles experimenta esta situación de forma habitual. La ‘generación Z’ (los jóvenes nacidos en torno a mediados de la década de los 90 del siglo pasado) es el grupo más afectado (92%).

Entre los síntomas de este tipo de fatiga se han documentado la tendencia a procrastinar o dejar tareas y decisiones para más adelante, la impulsividad (para ‘despejarlas’ antes), la sensación de agotamiento, niebla mental, irritabilidad e incluso malestar físico (cefaleas, entre otros).

Para el 39% de la generación Z, la decisión diaria más estresante es trabajar en sus propios objetivos. Esta cifra se sitúa muy por encima de la media general (24%) y supera incluso a otras decisiones cotidianas como encargarse de las tareas del hogar (26%) o responder a los mensajes de texto (18%). Así pues, el avance en las metas personales, que debería ser una motivación, termina convirtiéndose, paradójicamente, en estrés.

En el caso de los jóvenes (18–24 años), estos objetivos están fuertemente vinculados al desarrollo personal, con el ejercicio físico (94%) y el aprendizaje de idiomas (53%) como principales prioridades.

La presión no se limita solamente a los objetivos. Para casi uno de cada cinco jóvenes, decisiones aparentemente simples como elegir qué ponerse (19%) o asistir a un evento social (17%) también generan tensión.

La cantidad de decisiones a las que se expone esta generación hace que más del 30% reconozca procrastinar sus objetivos y evite tomar decisiones relacionadas con ellos, un comportamiento recurrente que se produce entre dos y tres veces por semana.

Este patrón se refleja especialmente en el aprendizaje de idiomas, pues los jóvenes afirman que, aunque les gustaría dedicar unas cuatro sesiones semanales, en la práctica solo alcanzan dos.

Rutinas: el «atajo mental» contra el estrés

Uno de los hallazgos más claros del estudio es el papel de la organización como herramienta de alivio. Más del 31% de los jóvenes afirma que tener una rutina establecida ayuda a reducir la fatiga decisional.

Junto a ello, otras formas de disminuirla son los descansos (42%), las prioridades claras (31%), el ejercicio (30%), delegar las decisiones (18%) y utilizar listas de tareas (17%).