Cultura · 5 min de lectura
El cocuyo: el insecto que ilumina noches
Antes del bombillo barato, el patio tenía estrellas a ras de hierba. El cocuyo es ciencia, juego de infancia y metáfora que no se apaga.
Quien creció en patio de pueblo o en solar de ciudad todavía sin tanta luz, conoce el cocuyo: un punto verde que se enciende y se apaga, como si el monte respirara. Los niños lo cazaban con frascos. Los abuelos decían que anunciaba visitas o lluvia.
Biología aparte —es un escarabajo que fabrica su propia lámpara— el cocuyo es patrimonio emocional. En un país de apagones, un insecto que no le debe nada a Edesur se siente casi político.
Hoy hay menos oscuridad verdadera y, con ella, menos cocuyos a la vista. Conservar un rincón sin contaminar de luz es también conservar infancia. No todo progreso tiene que borrar el verde de la noche.
Cuando alguien dice «brillaba como un cocuyo», no habla de entomología. Habla de esperanza chiquita, intermitente y viva. RD Al Día lo trae aquí para que no se nos olvide mirar al suelo cuando se apaga el farol.