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Internacionales · 6 min de lectura

Guinea-Bisáu: la junta militar bloquea el regreso del expresidente y las elecciones de diciembre quedan en vilo

La junta militar de Guinea-Bisáu bloquea el regreso del expresidente Embaló y la CEDEAO exige garantías antes de las elecciones de diciembre.

Bandera de Guinea-Bisáu ondeando en un asta contra un cielo azul

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Casi un año de régimen militar y las urnas aún no están garantizadas

Guinea-Bisáu, un pequeño país de poco más de dos millones de habitantes en la costa occidental de África, atraviesa su crisis política más larga en años. El 26 de noviembre de 2025, un día antes de que se esperaran los resultados provisionales de la elección presidencial, el Ejército derrocó al presidente Umaro Sissoco Embaló, suspendió el proceso electoral y detuvo a varias figuras de la oposición, entre ellas al histórico líder opositor Domingos Simões Pereira, capturado el mismo día del golpe. Los militares nombraron como presidente de transición al general Horta N'Tam, hasta entonces un estrecho colaborador del propio Embaló, con el argumento de que la intervención era necesaria para "evitar un baño de sangre" entre partidarios de candidatos rivales.

Casi once meses después, a mediados de octubre de 2026, el país sigue bajo control militar y el calendario que la propia junta fijó para devolver el poder a civiles empieza a tambalearse. En enero, N'Tam había decretado que las elecciones presidenciales y legislativas se celebrarían el 6 de diciembre de 2026, asegurando que "todas las condiciones para organizar elecciones libres, justas y transparentes se habían cumplido". Pero la Comisión Electoral Nacional advirtió recientemente que esas condiciones no existen en la práctica, sin que la junta haya anunciado todavía, de forma oficial, un aplazamiento.

La junta impide el regreso de Embaló desde su exilio en Marruecos

El episodio más reciente ocurrió la primera semana de octubre, cuando el gobierno militar emitió un comunicado para bloquear el regreso previsto del expresidente Embaló, que vive exiliado en Marruecos desde el golpe y había anunciado días antes su intención de volver al país para, según dijo, presentarse a las elecciones de diciembre. La junta justificó la prohibición citando motivos de seguridad nacional, orden público y la necesidad de "preservar la estabilidad social", y afirmó que las condiciones de seguridad "no están dadas" para su llegada. También confirmó que siguen vigentes las restricciones a manifestaciones y reuniones políticas impuestas tras el golpe.

El veto se produjo en medio de informes de disturbios dentro de la propia guardia presidencial esa misma semana, un indicio de que las tensiones dentro del aparato de seguridad no se han disipado casi un año después de la asonada. Desde su independencia de Portugal en 1974, Guinea-Bisáu ha sufrido cinco golpes de Estado y numerosos intentos fallidos de tomar el poder, una inestabilidad crónica que organismos internacionales llevan décadas señalando como uno de los principales obstáculos para consolidar sus instituciones.

Senegal y la CEDEAO exigen una transición "corta y transparente"

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) ha hecho de Guinea-Bisáu una de sus prioridades diplomáticas del año. En julio, una delegación encabezada por el presidente de Sierra Leona y entonces presidente de turno de la CEDEAO, Julius Maada Bio, junto con el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, viajó al país para reunirse con el gobierno militar y pedir una transición "corta, estructurada y transparente", además de la liberación de los dirigentes políticos detenidos.

El 9 de octubre, Senegal —que media en nombre del bloque regional— volvió a instar públicamente a los militares a levantar las restricciones impuestas a la actividad política y civil. Dakar sostuvo que cualquier cambio en el calendario electoral debe basarse en "un proceso inclusivo y transparente", con garantías claras de un retorno al gobierno civil, y pidió a todas las partes, incluidos los militares, que prioricen el diálogo, la moderación y el interés nacional por encima de cualquier otro cálculo político.

Un opositor liberado por motivos médicos, pero la democracia sigue en suspenso

En julio, la junta liberó por razones de salud a Domingos Simões Pereira, el opositor detenido el día del golpe, quien viajó después a Portugal para recibir tratamiento médico. Su salida fue celebrada por el Parlamento portugués, cuyo presidente pidió una liberación "plena y definitiva" para "restaurar la democracia" en el país, y por la propia CEDEAO, que había reclamado semanas antes la excarcelación de los líderes opositores. Sin embargo, la liberación de Pereira no resolvió el núcleo del conflicto: quién gobernará Guinea-Bisáu después de diciembre, y si Embaló —el presidente derrocado que insiste en que quiere competir de nuevo por la presidencia— podrá siquiera entrar al país para hacerlo.

Un país estratégico para el narcotráfico hacia Europa

Más allá de la disputa de poder, la inestabilidad en Guinea-Bisáu preocupa por su papel como punto de tránsito de cocaína sudamericana hacia Europa, un fenómeno documentado durante años por organizaciones como InsightCrime, que ha registrado récords de decomisos en el país y lo ha calificado reiteradamente como un "narcoestado" de facto. Analistas y organizaciones regionales advierten que los vacíos institucionales que deja cada golpe de Estado facilitan que redes de narcotráfico internacional —incluidas células con conexiones latinoamericanas— aprovechen la debilidad de las instituciones de seguridad y justicia del país para operar con menor riesgo.

Qué puede pasar en las próximas semanas

Con la fecha límite del 6 de diciembre cada vez más cerca, varios escenarios están sobre la mesa:

  • Que la junta mantenga la fecha electoral pese a la advertencia de la Comisión Electoral Nacional, lo que podría derivar en un proceso cuestionado por falta de garantías.
  • Que anuncie formalmente un aplazamiento, prolongando el gobierno militar más allá de lo previsto y alimentando el escepticismo de la CEDEAO.
  • Que ceda a la presión regional y permita el regreso de Embaló y de otros actores políticos, aunque eso no garantiza por sí solo que el proceso sea percibido como libre y justo.

Para la región y para observadores internacionales, el desenlace en Guinea-Bisáu se ha convertido en una prueba más de si África Occidental —sacudida en los últimos años por golpes en Malí, Burkina Faso, Níger y Guinea— puede revertir la tendencia hacia gobiernos militares que se prolongan más allá de lo prometido. Senegal y la CEDEAO insisten en que el reloj electoral debe cumplirse; la junta de Horta N'Tam, por ahora, mantiene el control de las calles, de las fronteras y de la agenda política del país.

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