Saltar al contenido

Internacionales · 5 min de lectura

Haití cambia de fuerza internacional en plena crisis de pandillas: qué es la GSF y por qué le importa a RD

Kenia se retiró y una nueva fuerza liderada por Chad releva a la misión en Haití. Abinader exigió ante la ONU completar su despliegue mientras RD refuerza la frontera.

Bandera de las Naciones Unidas ondeando contra un cielo despejado

Compartir

De Kenia a Chad: un cambio de mando en plena crisis

En abril de 2026, los últimos cerca de 150 agentes de policía kenianos abandonaron Haití rumbo a Nairobi, cerrando así la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS) que Kenia había liderado desde junio de 2024. La MSS había sido autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2023 con un tope de 2,500 efectivos, pero en la práctica nunca superó los 1,000, casi todos kenianos, y no logró recuperar el territorio que las pandillas armadas mantienen bajo su control en Puerto Príncipe. Kenia rechazó las acusaciones de la ONU sobre presunta mala conducta sexual de parte de su personal, y su ministro del Interior calificó la salida de la misión como una que defendió al país "con honor y orgullo".

En su lugar llegó la Gang Suppression Force (GSF, Fuerza de Supresión de Pandillas), autorizada por el Consejo de Seguridad mediante la Resolución 2793 el 30 de septiembre de 2025, con un mandato inicial de doce meses y un techo de 5,550 efectivos —más del doble que su predecesora—. El primer contingente, un equipo de avanzada de Chad, llegó a Puerto Príncipe el 1 de abril de 2026 junto con Jack Christofides, exfuncionario de la ONU de origen sudafricano designado como representante especial de la fuerza. Chad es la nación líder de la nueva misión, a la que también se han sumado tropas de Jamaica, Mongolia y Sri Lanka.

Una fuerza que todavía no llega a su capacidad completa

Pese a que la GSF inició operaciones formalmente el 1 de junio de 2026, hacia el 8 de julio de ese año apenas contaba con 1,083 efectivos militares y 16 civiles desplegados —muy por debajo del techo autorizado de 5,550—. Los análisis del Consejo de Seguridad de la ONU proyectan que la fuerza no alcanzará su capacidad operativa plena hasta finales de 2026, y ya en septiembre, Estados Unidos y Panamá, como copatrocinadores de la resolución, se preparaban para solicitar una nueva autorización antes de que el mandato original venciera el 30 de septiembre.

Mientras tanto, la violencia no ha dado tregua: un informe de la misión de la ONU en Haití (BINUH) registró niveles de violencia de pandillas "no vistos desde enero y febrero de 2024" en el área metropolitana de Puerto Príncipe, con 613 personas asesinadas y 375 heridas solo entre el 6 de marzo y el 31 de julio de 2026, más de 176 mujeres violadas y más de 18,000 desplazadas por la fuerza en ese período. A eso se suma una cifra más amplia y ya acumulada: cerca de 1.5 millones de personas—entre ellas 751,000 niños— permanecen desplazadas internamente en Haití, y unas 5.8 millones sufren inseguridad alimentaria, según cifras citadas en los reportes del Consejo de Seguridad correspondientes a mediados de 2026. Las pandillas controlan alrededor del 90% del área metropolitana de Puerto Príncipe.

Elecciones en el horizonte, por primera vez desde 2016

En medio de esta crisis, Haití se prepara para celebrar elecciones presidenciales y legislativas —las primeras desde 2016— el 13 de diciembre de 2026, con una eventual segunda vuelta el 21 de febrero de 2027. La seguridad de ese proceso electoral depende en buena medida de que la GSF logre, en los meses restantes del año, avanzar más de lo que consiguió su antecesora keniana.

El ángulo dominicano: lo que dijo Abinader ante la ONU

El 23 de septiembre de 2026 —apenas un día antes de la publicación de este artículo—, el presidente Luis Abinader se dirigió a la Asamblea General de las Naciones Unidas y exigió acelerar el despliegue de la fuerza internacional en Haití. "Es necesario completar el despliegue de la fuerza de paz", declaró, advirtiendo que la llegada tardía de los contingentes impide apoyar a las autoridades haitianas frente a la violencia de las pandillas, el desplazamiento civil y el deterioro humanitario. Abinader fue enfático en marcar los límites de lo que República Dominicana puede hacer por sí sola frente a la crisis del país vecino: "No existe una solución dominicana para Haití", dijo, al tiempo que reafirmó que el país "continuará protegiendo sus fronteras y haciendo cumplir sus normas" ante la creciente presión migratoria proveniente de la crisis haitiana.

Esa política de control fronterizo ya se refleja en cifras concretas: solo entre enero y febrero de 2026, la Dirección General de Migración deportó 67,940 personas en condición migratoria irregular a través de la frontera con Haití, según datos de la Presidencia de la República —30,799 de ellas solo en febrero—, con operativos concentrados en los cruces fronterizos de Dajabón, Elías Piña, Jimaní y Pedernales. El gobierno dominicano ha dicho que continuará reforzando esos controles migratorios "mientras mantiene las protecciones de derechos humanos" para las personas repatriadas, y en meses recientes ambos gobiernos han acordado además reforzar la cooperación fronteriza y migratoria, además de anunciar planes de zonas francas de puertos secos en la frontera.

Por qué esto no es solo "noticia de otro país"

Para República Dominicana, lo que pase con la GSF en los próximos meses —si logra o no controlar a las pandillas antes de las elecciones de diciembre— no es un asunto lejano: cada escalada de violencia en Puerto Príncipe se traduce, del lado dominicano, en más presión migratoria en la frontera, más operativos de control y deportación, y más protagonismo de Haití en la agenda internacional del propio gobierno dominicano, como quedó claro en el discurso de Abinader ante la ONU. La transición de Kenia a Chad al frente de la fuerza internacional es, en ese sentido, tan relevante para Santo Domingo como para Puerto Príncipe.

← Más internacionales de RD Al Día