Internacionales · 6 min de lectura
Haití encadena ocho años de recesión mientras 1.5 millones de personas siguen desplazadas
El FMI confirma que la economía haitiana no crecerá en 2026 y la OIM advierte que una tormenta podría agravar la crisis de 1.5 millones de desplazados, mientras la frontera dominicana recibe más de 900 retornos forzados al día.

Un país que no logra salir de la espiral
Haití cerrará 2026 sin haber crecido económicamente por octavo año consecutivo, según confirmó el Fondo Monetario Internacional (FMI) el 28 de septiembre. El organismo concluyó entre el 14 y el 25 de septiembre la cuarta revisión de su programa de asistencia al país, realizada de forma remota ante la imposibilidad de enviar una misión presencial por las condiciones de seguridad. La conclusión es la misma que se repite desde 2019: la violencia de las pandillas armadas sigue asfixiando la actividad productiva, el comercio y los servicios básicos en la nación que comparte la isla La Española con República Dominicana.
El FMI no precisó en su comunicado un porcentaje exacto de contracción para 2026, pero sí ofreció una referencia histórica: según cifras del Banco Mundial citadas por el propio organismo, la economía haitiana se ha reducido en promedio 2.5% del PIB cada año entre 2019 y 2025. De confirmarse una tendencia similar en 2026, Haití acumularía casi una década perdida en términos de crecimiento, con un impacto directo en el empleo, los salarios reales y la capacidad del Estado para financiar servicios públicos.
Inflación a la baja, pero la economía sigue asfixiada
Hay un dato que el FMI presenta como el único respiro relativo: la inflación interanual, que llegó a superar el 32% en octubre de 2025, se proyecta ahora en torno al 16% para 2026. Es una mejora significativa, pero sigue siendo una cifra alta para cualquier economía de la región y refleja las dificultades para importar alimentos, combustible y bienes básicos en un país donde buena parte del territorio permanece bajo control o influencia de estructuras armadas no estatales.
El organismo también reportó que las reservas internacionales netas de Haití se situaban en aproximadamente 1,900 millones de dólares al 30 de junio de 2026, un colchón que el FMI considera insuficiente frente a la magnitud de la crisis humanitaria y de seguridad. El comunicado añade que cualquier mejora sostenida dependerá de que el país logre condiciones de seguridad mínimas para permitir la actividad comercial y, eventualmente, la celebración de elecciones. Haití no ha votado desde 2016; actualmente hay fechas tentativas para comicios en diciembre de 2026 y febrero de 2027, aunque el propio FMI condiciona ese calendario a "una mejora de las condiciones de seguridad" que, hasta ahora, no se ha materializado.
1.5 millones de personas sin hogar
Mientras el FMI hablaba de cifras macroeconómicas, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) difundió el 25 de septiembre un informe que traduce esa crisis en personas concretas: cerca de 1.5 millones de haitianos han abandonado sus hogares por la violencia armada y los desastres naturales, según su más reciente actualización de desplazamiento. Vale señalar que no todas las fuentes usan la misma cifra: algunos medios que retomaron el mismo reporte de la OIM titularon que la violencia había desplazado a "más de un millón" de personas, mientras que la propia organización y la mayoría de las agencias hablaron de "cerca de 1.5 millones"; ambas cifras provienen del mismo informe de la OIM, pero la diferencia en cómo se redondeó o interpretó el dato ilustra lo difícil que resulta precisar el número exacto de desplazados en un país donde el acceso humanitario es limitado.
Lo que sí coincide entre las fuentes consultadas es la tendencia: el 80% de los desplazados se encuentra fuera de la capital, Puerto Príncipe, lo que confirma que la crisis ya no es un fenómeno exclusivamente urbano. En el departamento de Artibonite, al noroeste del país, los desplazamientos aumentaron 16% en apenas tres meses. En Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe, unas 4,000 personas huyeron recientemente tras ataques armados. La OIM calcula que más de la mitad de la población haitiana —unos 6.4 millones de personas— necesita hoy algún tipo de asistencia humanitaria y enfrenta niveles de inseguridad alimentaria de crisis o peores.
La amenaza de una tormenta sobre los campamentos
A ese panorama se suma un riesgo climático concreto. En plena temporada de huracanes del Atlántico, la OIM advirtió que una tormenta de gran intensidad podría desencadenar "otra emergencia humanitaria" entre las familias que ya viven desplazadas, muchas en campamentos improvisados sin infraestructura adecuada para resistir lluvias fuertes o vientos. "Para las familias ya desplazadas por la violencia, una tormenta importante podría desencadenar otra emergencia humanitaria", advirtió Elise Verron, coordinadora de emergencias de la OIM en Haití, según recoge el reporte del 26 de septiembre. La organización no vinculó su advertencia a un sistema con nombre específico, sino a la vulnerabilidad estructural de la población desplazada frente a cualquier evento climático severo durante lo que resta de la temporada. Para responder a esta situación, la OIM solicitó 60 millones de dólares en financiamiento adicional.
La frontera dominicana, bajo presión constante
Para República Dominicana, estas cifras no son un asunto lejano. Según el mismo informe de la OIM, en agosto se registraron 28,104 retornos forzados de haitianos, de los cuales el 98% ocurrió desde territorio dominicano, es decir, más de 900 personas devueltas cada día a través de la frontera compartida. Las autoridades migratorias dominicanas han sostenido en los últimos meses su política de repatriaciones como parte de su estrategia de control fronterizo, pero organismos humanitarios advierten que esos retornos se suman a un país que ya no tiene capacidad de absorber a más población desplazada internamente. El resultado es una presión simultánea sobre las zonas fronterizas: comunidades que reciben tanto a haitianos que huyen de la violencia interna como a quienes son devueltos desde el lado dominicano, muchas veces hacia las mismas regiones inestables de las que originalmente partieron.
¿Qué sigue?
Los dos informes —el del FMI sobre la economía y el de la OIM sobre el desplazamiento— describen, desde ángulos distintos, la misma espiral: sin seguridad no hay actividad económica, sin actividad económica no hay recursos para atender la crisis humanitaria, y sin atención humanitaria la presión migratoria hacia la frontera dominicana no cede. El FMI ató cualquier mejora futura a la reducción de la violencia y a la eventual celebración de elecciones, mientras la OIM insiste en que la ventana de la temporada de huracanes, que se extiende hasta finales de noviembre, añade un riesgo inmediato a una población que ya vive al límite. Para República Dominicana, que comparte 391 kilómetros de frontera con Haití, ambos informes coinciden en un mensaje: la crisis del vecino seguirá siendo, durante los próximos meses, un asunto de política interna tanto como de política exterior.
