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Cultura · 5 min de lectura

Los Guloyas de San Pedro de Macorís: el teatro cocolo que es Patrimonio de la Humanidad

Herederos de los cocolos llegados de las Antillas británicas, los Guloyas mezclan teatro, danza y música, y son Patrimonio de la Humanidad desde 2005.

Persona con disfraz colorido de plumas y cintas en un festival callejero caribeño

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De las Antillas británicas a los ingenios azucareros

A finales del siglo XIX, San Pedro de Macorís se convirtió en uno de los principales centros de la industria azucarera de República Dominicana. Para trabajar en los ingenios llegaron miles de inmigrantes procedentes de las Antillas de habla inglesa, sobre todo de Saint Kitts y Nevis, además de otras islas del Caribe oriental. A esta comunidad, y a sus descendientes, se les conoce en el país como "cocolos", y su llegada transformó para siempre la cultura de la ciudad y de toda la provincia.

Con ellos llegaron también las llamadas "Christmas Sports", un conjunto de representaciones teatrales y musicales que en sus islas de origen se hacían tradicionalmente durante la temporada navideña. En San Pedro de Macorís, esas tradiciones británicas se fueron mezclando con elementos del entorno caribeño y dominicano hasta convertirse en una expresión propia: el Teatro Cocolo Danzante.

Qué es el Teatro Cocolo Danzante

El Teatro Cocolo Danzante nació de la fusión de al menos tres manifestaciones distintas traídas por los inmigrantes cocolos. La primera es "David y Goliat", una dramatización de raíz bíblica y protestante. La segunda es "The Mummies" (a veces transcrita como "The Mommise"), una tradición inglesa de los siglos XVII y XVIII centrada en la lucha simbólica entre el bien y el mal. La tercera, más tardía, es "Cowboys and Indians" (vaqueros e indios), una adaptación local inspirada en el cine estadounidense que circulaba en la región. Estas tres corrientes se combinaron con música, danza y una fuerte carga de improvisación callejera hasta dar forma a un espectáculo popular propio de San Pedro de Macorís, sin equivalente exacto en ningún otro punto del país.

El Guloya: el personaje central

Dentro de ese teatro callejero, el Guloya es la figura más reconocible y la que terminó dando nombre a todo el grupo de bailarines y músicos que salen a las calles. Los Guloyas visten trajes elaborados con cintas multicolores, espejitos y cascabeles que suenan con cada movimiento, coronas cubiertas de plumas de pavo real y, en algunas de sus variantes, máscaras metálicas de tono rosado que cubren buena parte del rostro. El conjunto se mueve al ritmo de tambores y flautas, en coreografías que combinan pasos de danza con pequeñas escenas actuadas, muy cercanas en espíritu al teatro de calle.

Las agrupaciones de Guloyas se organizan como verdaderas escuelas familiares: el conocimiento de los pasos, el vestuario y la música se transmite de generación en generación dentro de un número reducido de familias cocolas de San Pedro de Macorís, lo que ha permitido que la tradición sobreviva más de un siglo sin perder su forma original.

Cuándo y dónde se presentan

La expresión más tradicional de los Guloyas ocurre durante la temporada navideña, entre el 25 de diciembre y el 6 de enero, cuando distintas comparsas recorren las calles de San Pedro de Macorís siguiendo el calendario festivo heredado de las Christmas Sports británicas. Con el paso de los años, y a medida que la tradición ha ganado reconocimiento como símbolo de identidad nacional, los Guloyas también han empezado a presentarse en actos culturales, festivales patrimoniales y eventos oficiales a lo largo del año, tanto en San Pedro de Macorís como, ocasionalmente, en Santo Domingo y otras ciudades del país.

Patrimonio de la Humanidad desde 2005

El 25 de noviembre de 2005, la UNESCO proclamó el Teatro Cocolo Danzante como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, dentro de la tercera y última ronda de proclamaciones de ese programa (que operó entre 2001 y 2005, antes de integrarse a la actual Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO). Es, junto con el Carnaval Vegano y otras expresiones dominicanas reconocidas después bajo el nuevo mecanismo, uno de los primeros elementos de la cultura popular dominicana en recibir ese reconocimiento internacional, más de dos décadas antes de que otras tradiciones del país —como algunas variantes del carnaval o de la música tradicional— consiguieran distinciones similares.

Una tradición que resiste

A diferencia de otras expresiones culturales dominicanas de origen más amplio, el Teatro Cocolo Danzante depende de un grupo relativamente pequeño de familias y cultores concentrados en una sola provincia, lo que lo hace especialmente vulnerable a la pérdida de tradición portadores. Instituciones culturales dominicanas y organizaciones comunitarias de San Pedro de Macorís han impulsado en los últimos años programas de formación dirigidos a niños y jóvenes cocolos, con el objetivo explícito de que el oficio de bailar y tocar como Guloya no se pierda con las generaciones mayores.

Para quien visite San Pedro de Macorís fuera de la temporada navideña, es posible ver vestuarios, máscaras e instrumentos originales de los Guloyas en algunos espacios culturales de la ciudad, aunque la experiencia completa —con música, movimiento y la energía de la calle— solo se vive durante las presentaciones en vivo. Más allá del espectáculo visual, los Guloyas son hoy uno de los ejemplos más claros de cómo la historia migratoria del este dominicano, ligada a la industria azucarera, sigue viva en una manifestación cultural que República Dominicana comparte con muy pocos países del mundo.

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