Saltar al contenido

Cultura · 6 min de lectura

Nuestra Señora de las Mercedes: la historia detrás del feriado del 24 de septiembre

Por qué el 24 de septiembre es feriado fijo en RD: la leyenda de la cruz en el Santo Cerro, lo que dicen los historiadores y el santuario que se visita cada año.

Cruz de madera en lo alto de un acantilado, similar a la que la tradición sitúa en el Santo Cerro

Compartir

Un feriado que no se mueve

Cada 24 de septiembre, República Dominicana se detiene por completo. No hay bancos, no hay oficinas públicas, y para muchos negocios el día simplemente no se trabaja. A diferencia de otros feriados que la ley traslada al lunes más cercano para alargar el fin de semana, el Día de Nuestra Señora de las Mercedes es de los pocos que la Ley 139-97 marca como fecha fija: no se mueve, caiga en el día de la semana que caiga. El Ministerio de Trabajo lo ha tenido que recordar públicamente más de una vez, porque cada año hay confusión entre empleadores y empleados sobre si toca o no toca. La razón de que sea intocable tiene más de cinco siglos de historia detrás, y empieza no en una oficina de gobierno, sino en una loma de la Vega Real.

La cruz que dejó Colón en la Vega Real

La versión que se cuenta de generación en generación sitúa el origen en marzo de 1495. Cristóbal Colón, acompañado por el fraile mercedario Juan Infante —su confesor durante el segundo viaje—, clavó una cruz de madera de níspero en la cima de una loma que hoy se conoce como el Santo Cerro, cerca de La Vega. Poco después, Infante levantó ahí mismo una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de las Mercedes. Esa capilla modesta es, según los historiadores del propio santuario, el origen remoto del primer santuario mariano de América: mucho antes de que existiera cualquier otra devoción organizada en el continente, ya había una en esa loma dominicana.

Con el tiempo, esa ermita sencilla se transformó en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de las Mercedes que hoy recibe peregrinos. La piedra fundacional del templo actual se colocó el 7 de agosto de 1880, bajo la dirección del arzobispo Fray Roque Cocchía y el arquitecto Onofre de Lora, y el edificio ha sobrevivido terremotos y huracanes sin dejar de ser, como lo describen quienes lo cuidan, un punto de referencia de la fe cristiana en la isla.

La leyenda de la batalla, y lo que de verdad ocurrió

Aquí es donde la historia que se repite en las escuelas y la que reconstruyen los historiadores se separan, y vale la pena contar las dos. La tradición popular asegura que, poco después de plantada la cruz, hubo una batalla en el propio Santo Cerro entre los taínos y los españoles: los indígenas habrían intentado arrancar o quemar la cruz, y en ese momento la Virgen se apareció para socorrer a los españoles y decidir la victoria a su favor.

Historiadores como José Rafael Lantigua han cuestionado esa versión con bastante firmeza: sostienen que no hubo ninguna batalla en el Santo Cerro. El enfrentamiento real, dicen, ocurrió a unas diez leguas de distancia, cerca de Esperanza y el río Mao, como parte de la represión que siguió a la captura del cacique Caonabo. Colón llegó con apenas 200 hombres, 20 caballos y perros de caza para someter a unos 10,000 combatientes indígenas liderados por Manicaotex —una fuerza que, sin armas de fuego ni caballos, no tenía cómo resistir. Más que una batalla equilibrada, fue una masacre. Y el relato de la aparición milagrosa, apuntan estos historiadores, se fue construyendo después, promovido por figuras eclesiásticas como el obispo Rocco Cocchia en el siglo XIX; el cronista Bartolomé de las Casas, que documentó de primera mano buena parte de esos años, nunca mencionó ninguna intervención sobrenatural en el Santo Cerro.

Esto no le resta valor a lo que representa el lugar hoy para millones de dominicanos, pero sí es justo contarlo: la fe alrededor de Nuestra Señora de las Mercedes es genuina y centenaria, y al mismo tiempo la leyenda de la batalla es, según la evidencia histórica disponible, exactamente eso —una leyenda construida sobre un episodio real mucho más oscuro.

De un terremoto a patrona de toda la isla

La devoción a la Virgen de las Mercedes no nació en América. La orden mercedaria —los frailes que trajeron su culto— se fundó en Barcelona el 1 de agosto de 1218, después de que la Virgen se apareciera a tres personas con una misión muy concreta para la época: reunir fondos para rescatar cautivos cristianos en manos de piratas y reinos musulmanes del Mediterráneo. De ahí viene el nombre "de las Mercedes" o "de la Merced": mercedes, en el sentido de rescates, de liberación.

En la isla, el salto de ermita local a patrona reconocida llegó tras un terremoto. El 8 de septiembre de 1615 un sismo dañó buena parte de Santo Domingo, y las autoridades civiles y eclesiásticas de la época le atribuyeron a la Virgen la protección de la ciudad frente a algo peor. Ese mismo año, el Cabildo la declaró Patrona de la Isla de La Española. Más adelante, en 1740, un decreto real movió su fiesta litúrgica al 24 de septiembre, la fecha que se mantiene hasta hoy.

De la independencia hasta hoy

El vínculo entre la Virgen de las Mercedes y la identidad dominicana como nación se cerró en 1844. Tras la independencia, el pueblo dominicano la asumió como Patrona Nacional, un título distinto del que ya tenía como patrona de toda la isla desde la época colonial. Para muchos dominicanos, esa doble capa —protectora desde el siglo XVII, patrona de la nueva nación desde el XIX— es parte de por qué esta fecha pesa distinto a otros feriados religiosos del calendario.

La peregrinación de cada 24 de septiembre

Hoy, la devoción se sigue viviendo casi exactamente donde empezó: en el Santo Cerro, en las afueras de La Vega. Cada 24 de septiembre miles de fieles suben la loma en peregrinación, muchos a pie desde kilómetros de distancia, para asistir a misa en el santuario y rendirle homenaje a la patrona. Es una de las pocas tradiciones religiosas del país que junta generaciones completas de una misma familia en el mismo lugar, año tras año, y que se mantiene prácticamente sin cambios pese a todo lo demás que ha cambiado en la isla desde 1495.

Así que si mañana amanece con el país detenido, ahora sabes que detrás del feriado no hay solo una fecha en un calendario: hay una cruz de hace más de cinco siglos, una historia que la fe simplificó con el tiempo, y una devoción que, leyenda aparte, sigue siendo real para muchísima gente.

← Más cultura dominicana