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Salud · 7 min de lectura

ACV en República Dominicana: las cifras no coinciden, pero la alarma es la misma

Sociedades médicas y el Ministerio de Salud Pública citan cifras distintas sobre el ACV en el país, mientras se organiza una red nacional para atenderlo a tiempo.

Médico conversando con un paciente durante una consulta médica

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Un problema que crece en silencio

Cada año, miles de personas en República Dominicana sufren un accidente cerebrovascular (ACV), también llamado ictus o derrame cerebral, y buena parte de ellas muere o queda con alguna secuela permanente. El tema volvió a la conversación pública entre 2025 y 2026, impulsado por sociedades médicas dominicanas que advierten que el país todavía no cuenta con una red organizada de atención capaz de responder a tiempo ante estos episodios.

En julio de 2025, la Clínica Cruz Jiminián y HCJ Medical Services organizaron en el hotel Sheraton de Santo Domingo el "Simposio Nacional sobre el Manejo Integral del Accidente Cerebrovascular: Código ICTUS 2025", con el aval de la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM), la Sociedad Dominicana de Neurología y Neurocirugía, y el Colegio Médico Dominicano, además del respaldo del Ministerio de Salud Pública (MSP), el Servicio Nacional de Salud (SNS), el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 y el Seguro Nacional de Salud (SeNaSa). Según la cobertura del evento, publicada por El Caribe, allí se lanzó formalmente la Red Nacional Código ICTUS, pensada para unificar protocolos entre hospitales públicos y privados.

Tres fuentes, tres números distintos

Uno de los problemas que los propios médicos señalan es que no existe una cifra única y consolidada sobre el ACV en el país. Al revisar distintas fuentes aparecen números que se acercan, pero que no coinciden, y conviene decirlo con claridad en vez de promediarlos o elegir uno a conveniencia.

Según la información difundida en el Simposio Código ICTUS 2025 (recogida por El Caribe, sin que el reportaje precise la institución exacta detrás de la cifra, más allá de referirse a "estadísticas oficiales"), entre 7,000 y 12,000 dominicanos sufren un ACV cada año, y en 2022 se atribuyeron a esta causa más de 3,000 muertes, alrededor del 8% del total de fallecimientos de ese año. El mismo reporte indica que seis de cada diez sobrevivientes quedan con secuelas físicas o cognitivas, y que la incidencia aumenta especialmente entre adultos de 35 a 55 años.

Una fuente distinta, la Sociedad Dominicana de Neurología y Neurocirugía (SDNN), citada en un reportaje de El Día, da cifras considerablemente más altas: su presidente, el doctor Cleto Ramírez, afirmó que en el país se registran unos 24,000 casos nuevos de ACV al año y que la enfermedad provoca unas 8,000 muertes anuales, una cifra más del doble de la que mencionó el simposio para 2022. Ramírez citó además datos de alcance global —que el ACV es la segunda causa de discapacidad en el mundo y que su tasa de mortalidad se ubica entre 23% y 30%— sin especificar la fuente primaria ni el año exacto de esos porcentajes.

Una tercera fuente, esta vez de registro oficial, aparece en un reportaje de El Caribe basado en datos de la Dirección de Análisis de Situación de Salud, Monitoreo y Evaluación de Resultados (Dassmer) del Ministerio de Salud Pública: en 2019, de un total de 48,993 muertes registradas en el país, 3,155 se clasificaron como enfermedades cerebrovasculares. Esa cifra de 2019 es más cercana a la mencionada en el simposio para 2022 (más de 3,000) que a la de la SDNN (8,000 al año), pero ninguna de las tres fuentes usa el mismo año ni la misma metodología, por lo que no son comparables de forma directa. El mismo reportaje señala que las enfermedades cardiovasculares en conjunto —incluyendo la hipertensión arterial y la enfermedad isquémica del corazón— se mantienen entre las principales causas de muerte en el país de forma recurrente, con 6,827 muertes cardiovasculares registradas en 2022 sobre un total de 55,313 fallecimientos.

Esta disparidad no es exclusiva del ACV, pero sí ilustra un punto que los propios especialistas plantean: la ausencia de un sistema de vigilancia epidemiológica unificado dificulta medir con precisión el tamaño real del problema en el país.

Lo que coincide entre todas las fuentes

Más allá de las cifras exactas, hay puntos en los que las distintas voces consultadas coinciden. La doctora Abilquis Escoto, directora médica de la Clínica Cruz Jiminián, planteó en el simposio que el objetivo de la nueva red nacional es "unificar criterios, actualizar conocimientos y consolidar una red nacional" que cubra desde la prevención hasta la rehabilitación. El doctor Welinton Ramírez, neurólogo y miembro del comité científico del mismo evento, pidió una respuesta "basada en la evidencia y coordinada entre los distintos niveles de atención".

Por su parte, el doctor Cleto Ramírez, de la SDNN, solicitó a las autoridades dar seguimiento a políticas de prevención del ACV con el respaldo de la sociedad científica. En el mismo encuentro participaron la doctora Violiza Inoa y la doctora Ryna Then, líderes de la organización internacional Trombectomía 2020+ (MT-2020+), quienes impartieron un taller dirigido a médicos especialistas dominicanos y de otros países latinoamericanos en Santo Domingo. Según explicaron, la trombectomía mecánica —un procedimiento para retirar el coágulo que bloquea el flujo sanguíneo al cerebro— puede salvar vidas y reducir la discapacidad cuando se aplica dentro de las primeras 24 horas desde el inicio de los síntomas, aunque remarcaron que ampliar el acceso de los pacientes a ese procedimiento sigue siendo un reto en la región.

Reconocer las señales a tiempo

Dado que el tiempo de respuesta es determinante en el pronóstico de un ACV, distintas organizaciones médicas han promovido acrónimos sencillos para ayudar a reconocer las señales de alerta sin necesidad de formación médica. Uno de los más difundidos en español es "RÁPIDO", creado en 2021 por un equipo de investigación encabezado por la enfermera Andrea Ancer Leal, del hospital Ben Taub y el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en Houston, y adoptado luego por la American Stroke Association (filial de la American Heart Association) para la comunidad hispanohablante. Cada letra corresponde a una señal: Rostro caído, Alteración del equilibrio, Pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, Impedimento visual repentino, Dificultad para hablar, y Obtenga ayuda de inmediato. La propia American Heart Association ha señalado, citando una encuesta de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de 2017, que los adultos hispanos reconocen estas señales con menor frecuencia que otros grupos, lo que retrasa la búsqueda de atención médica urgente.

En el caso dominicano, la Red Nacional Código ICTUS busca que, al llegar una persona a un centro de salud con señales compatibles con un ACV, el protocolo de atención —diagnóstico, posible trombólisis o trombectomía, cuidados intensivos y rehabilitación— se active de forma más rápida y coordinada entre hospitales, según los objetivos descritos por los organizadores del simposio de 2025.

Una nota necesaria

Este artículo recoge cifras y declaraciones de sociedades médicas dominicanas, de un simposio especializado y de registros oficiales del Ministerio de Salud Pública, y las presenta tal como fueron difundidas por cada fuente, con sus diferencias incluidas. Nada de lo aquí expuesto sustituye una valoración médica individual: ante la aparición súbita de alguna de las señales descritas, o ante cualquier duda sobre síntomas propios o de un familiar, lo indicado es buscar atención médica de inmediato y consultar con un profesional de la salud, que es quien puede evaluar cada caso de forma particular.

Este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica. Ante cualquier síntoma o duda de salud, habla con un profesional.

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